lunes, 30 de marzo de 2009

Los fantasmas y yo


Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.



domingo, 29 de marzo de 2009

El suicida


Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó. Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno. ¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revolver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos. Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien. Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su licitud como el agua, después que le pescan el pez. Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando. Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.





sábado, 28 de marzo de 2009

Amor 77


Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.







PD: Es una lastima infinita que exista un "amor" como este!!!!

viernes, 27 de marzo de 2009

Delgadina, vida mia


Desde ayer la Delgadina me esta haciendo ojitos.


Me esta pidiendo, suplicando a gritos

que la toque, que roce suavemente sus curvas perfectas

que sea feliz sumergida en sus deseos,

esos que hasta hace un tiempo también eran mios.


Que me aproveche de ella,

que la toque una y otra vez hasta el cansancio.


Delgadina, Delgadina ¿Hasta cuándo?


Delgadina, ¡Yo te amo!


Sufro sin poder estar contigo y tocarte,

hacerte mía, hacernos uno solo

y producir una bella melodía antes de dormir...


Delgadina, se que prometí no abandonarte

pero mi deseo por ti es el que se esta acabando


¿Amor y pasión?

Por ti siento amor y la pasión se marcho.


Estoy aprendiendo a vivir sin ti, sin pasión

pero un día las cosas dejaran de irme bien

y se que te desearé aún más que la ultima vez que te toque


Delgadina, niña mía,

mi consuelo y mi alegría.


Tu fuiste, eres y se que seras siempre,

el amor de mi vida


Perdóname por no volver, pero aún no es momento

mi corazón se encuentra en descubrimiento,


otra vez perdóname


¡Te juro que volveré!






Dedicado a ti: Delgadina, mi niña, mi amiga, mi guitarra!

jueves, 26 de marzo de 2009

OPUS 8


-Júrenos que si despierta, no se la va a llevar –pedía de rodillas uno de los enanitos al príncipe, mientras este contemplaba el hermoso cuerpo en el sarcófago de cristal-. Mire que, desde que se durmió, no tenemos quien nos lave la ropa, nos la planche, nos limpie la casa y nos cocine.




Armando José Sequera



miércoles, 25 de marzo de 2009

La carta



Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y antes de empezar la tarea diaria, escribo una línea en una larga carta donde, desde hace seis años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.







Luis Mateo Díez




*Estoy triste y feliz a la vez...!!

lunes, 23 de marzo de 2009

Indigente!


Mientras transitaba las calles de la ciudad


en un semáforo en rojo te encontré


tenias los ojos tristes
casi apunto de llorar


era como si te doliera vivir


las ojeras que surcaban tus ojos
no me impedían ver claramente

la belleza que estos poseían


a pesar de la tristeza y del dolor


y fue así como un hechizo me atrapo
y por un instante perdido entre el tiempo,
tu y yo


fui capaz de sentir tu dolor
Ese mismo que me quemó el alma
y me lleno de pena...



PD: Esto me paso el día de ayer y cuando vi los ojos de este indigente quede sumergida en ellos y por un momento sentí ganas de llorar!




* Soy llorona y que???

Para alegrar el corazoncito!


Un conferencista internacional se preparaba para dar una charla cuando encontró en el ropero una pequeña caja que contenía tres huevos y cien billetes de un dólar Asombrado, llamo a su esposa.


Mi amor, ¿Qué significa esto?

Bueno... -respondió ella mientras se aclaraba la garganta-, la he conservado durante nuestros 45 años de matrimonio. Cada vez que tu charla era aburrida, yo colocaba un huevo en la caja.


Ya entiendo -replico el hombre, con una amplia sonrisa en su rostro-. Tres charlas aburridas en 45 años. No esta nada mal. Pero...

¿Y que hacen en la caja esos cien dólares?



Pues... la verdad es que... cada vez que juntaba una docena de huevos, la vendía a los vecinos por un dólar.



anónimo!





Pd: Reír no cuesta nada, así que ríe hasta que te duela la panza jeje XD

viernes, 20 de marzo de 2009

Niña!


Puede ser amor

a veces creo que solo es algo que se dio.


Hay días en que creo estar muy segura de este sentimiento de locura



¿Amor, amor?


A veces siento solo dolor,

Otras veces una inmensa pasión


Algunos días me inunda la tristeza

me embarga el sentimiento y no dejo de pensar en vos.


Estoy empezando a creer que el amor es una mezcla entre miel y hiel


Es una gota de cordura y una cucharada grande de locura.


No negaré ser dura, hasta el colmo de no saber llorar

y triste hasta la desdicha de no poder reír


Pero con tu amor espero volver a ser feliz

y poco a poco un nuevo mundo juntos descubrir!








Dedicado a ti: Claudia, la pequeña de gran corazón!!




PD: Simples palabras de mente corta de imaginación, no son suficientes para describir el amor pero es un rayito de luz para tu corazón!


* Que barbaridad que melosa soy!!!''







jueves, 19 de marzo de 2009

Dios


"Dios es día y noche

invierno y verano,

Guerra y Paz,

Abundancia y hambre"




Parmenides



PD: esta frase es una de las muchas que estuvimos discutiendo en mi clase de Filosofía el dia de hoy y me parece muy interesante y real!!!

miércoles, 18 de marzo de 2009

La indeseada


Cuando la indeseada de la gente llegue

Tal vez yo tenga miedo.



Tal vez sonría y diga:




El día ha sido bueno, la noche puede llegar.

Encontrara labrado el campo,



la mesa puesta, la casa limpia, cada cosa en su lugar.




Cuando la indeseada de la gente llegue




Tal vez tenga rabia conmigo mismo, por dejarla pasar y abrirle las puertas.

Por alimentarla y convivir con ella,

Por esconder mis sentimientos tan solo por no herirlos o cargar con la culpa.


Al finalizar la noche, nos despedimos.


Siento tranquilidad y tristeza.¿Por qué?


¿Por qué es indeseada para mí esta persona?

¿Por miedo a los sentimientos?

Tal vez no tenga respuesta.


Tal vez es solo el hecho de temer a algo que desconozco y no quiero conocer.




anónimo



martes, 17 de marzo de 2009

Me besaba mucho




Me besaba mucho,


como si temiera irse muy temprano...




Su cariño era inquieto, nervioso.


Yo no comprendía tan febril premura.




Mi intención grosera nunca vio muy lejos




¡Ella presentía!




Ella presentía que era corto el plazo,


que la vela herida por el latigazo del viento, aguardaba ya...,




y en su ansiedad quería dejarme su alma en cada abrazo,


poner en sus besos una eternidad.








Amado Nervo

lunes, 16 de marzo de 2009

La felicidad


"La felicidad es como una mariposa,

cuanto más la persigues, más te elude

pero cuando diriges tu atención a otras cosas,

viene a posarse con suavidad en tu hombro"

domingo, 15 de marzo de 2009

Amor, amor


El amor quizás se le olvido

Y es que el corazón se le hizo escarcha una noche fría.


Amor, amor


gritaba por las calles en las noches de luna llena


Amor, el que nunca conoció


Amor, que tal vez ella negó


Amor, que quizás la traiciono


Amor, amor silba hoy el viento en su honor


Ese amor que no encontró


Aquel amor que poco a poco la mató.



N.
Aclaración:
Las contradicciones que se encuentran en este poema fueron planeadas

sábado, 14 de marzo de 2009

Ojos tristes


Dicen que podrías iluminar mis noches más oscuras.

Y aunque no tuviéramos nada en común

podrías ser el que mi alma busca

Dicen que a tu lado quedaría atrás mi pasado

Y así olvidaría el daño que me han causado

Tu alma podría acompañar a la mía



Pero…



¿Dónde estas ojos tristes?

Mi boca mendiga tus besos



¿Dónde estas ojos tristes?

Mi vida sin ti no es vida



En las noches necesito de tu compañía



¿Dónde estas?

Oír tu voz y sentir tu piel es lo que mi alma necesita para volver a creer.



Ojos tristes, donde estés yo se que algún día te encontraré.



N.






viernes, 13 de marzo de 2009

Elena


Hay días en que una tristeza enorme me congela el corazón

Hay noches en que los recuerdos me hacen perder el sueño

Y así comienza mi lucha contra el insomnio


Y es que el silencio me recuerda la canción que un día te escribí

Y el viento tibio que rosa mi rostro susurra a lo lejos tu nombre


Cinco letras que al escucharlas juntas me quiebran el alma

El sol que brilla en el cielo me recuerda

el color de la rosa que un día te negaste a aceptar


Todo me recuerda a ti


Y en las noches de profunda soledad

aún puedo imaginar tu sonrisa

que me devuelve a veces la paz.


Niriel
Pd: Este poema esta escrito para mi mejor amigo, el cual espero algun dia pueda encontrar el amor y dejar de sufrir por ese que es imposible!!!

jueves, 12 de marzo de 2009

Silencio


"El silencio puede explicar cosas

que las palabras solo podrían complicar más"



Niriel

miércoles, 11 de marzo de 2009

Alicia



No me quedaba alma

pues el desengaño me martirizaba.


Ya no tenía vida,

ya no había porque vivir.


Me encontraba perdido entre el infierno y el país de las maravillas.

Sumergido en el mar de tu arrogancia.


Luchando contra los demonios que desataste en mi interior.

En un rincón mis lágrimas brotaban y caían al vacío para perforarme el alma.


La soledad me consumía y la muerte me deseaba.

Yo era un hombre sin amor; yo era un hombre por quien nadie luchó.


Los días y las noches parecían vacíos.

Y mi espíritu bailaba en la oscuridad

Dentro de la penumbra refugiada en una pesadilla más.



Niriel

martes, 10 de marzo de 2009

Una palabra


Una palabra no dice nada

y al mismo tiempo lo esconde todo

igual que el viento que esconde el agua

como las flores que esconde el lodo.





Una mirada no dice nada

y al mismo tiempo lo dice todo

como la lluvia sobre tu cara

o el viejo mapa de algún tesoro.





Una verdad no dice nada

y al mismo tiempo lo esconde todo

como una hoguera que no se apaga

como una piedra que nace polvo.





Si un día me faltas no seré nada

y al mismo tiempo lo seré todo

porque en tus ojos están mis alas

y está la orilla donde me ahogo.





Carlos Varela

lunes, 9 de marzo de 2009

200 huesos y un collar de calavera


Tus doscientos huesos y un collar de calaveras,

Para que sepa volver y volverte a encontrar,

Deja que pueda traer alivio a tu boca to night

Y no desaproveches una buena erección.

Cada palabra tuya cual imagen devota

Y la lluvia cayendo por el borde de mi sombrero,

Y empapándote todita tu camiseta,

Un buen verso quizá sea el lado valiente de un cobarde.


Destinos cruzados


Mi habilidad de ejerzo para no mentir más de la cuenta

Y para construirte una suite en campo-santo,

Carnaval de carne y vendaval

Y tu mente como una colmena en secreta actividad.

Mis pensamientos paralizan mi voluntad

Y tú regando mi jardín un día de lluvia torrencial,

La mejor compañía para estados de ánimo peligrosos.


Destinos cruzados


Y yo que he dormido a tu lado puedo afirmar

Que hasta las pequeñas discusiones

Fueron contigo algo estupendo.


Tus doscientos huesos y un collar de calaveras



Enrique Bunbury



Pd: Esta letra es inspiradora
!! xD

domingo, 8 de marzo de 2009

Día Internacional de la Mujer





MUJER ESENCIAL


Porque eres mucho más que la belleza

y mucho más que un cuerpo

con una llamarada de gozo entre los flancos.

Porque eres más que un vientre para el hijo

y mucho más que la ilusión de un hombre que preñe tus silencios

y marque con su aliento tu camino.

Porque eres la mujer, el equilibrio, la sensatez, la calma, la cordura.

Porque en tus manos guardas bendiciones,

hay paz en tus palabras y estás hecha de aromas y ternura,

rompe ya tus espejos, renuncia a ser fetiche

y al metro con que miden tu figura

y amamanta la historia con tus pechos de harina

recobrando tu luz y tu estatura. ¡ Vuelve a ser la mujer!

Vuelve a ser ese fuego donde arden el amor y la decencia,

vuelve a ser tierra firme

generosa y fecunda,

vuelve a ser aire puro que agite alas y brazos,

vuelve a ser agua limpia

sin marcas ni amargura. ¡Vuelve a ser la mujer!

Ya no escuches más cantos de sirenas,

recupera tu esencia, tu destino,

te lo suplica un mundo que agoniza,

te lo reclama el hombre con su voz de martillo,

antes de que se muera la esperanza, antes de que ya todo esté perdido.


Por: Beatriz Rivera



sábado, 7 de marzo de 2009

Los mandamientos paradójicos


Las personas suelen ser irrazonables, ilógicas y egoístas,

aún así quiérelas



Si haces el bien, te acusaran de tener motivos egoístas ocultos

Aún así haz el bien



Si triunfas ganaras falsos amigos y enemigos verdaderos

Aún así triunfa



El bien que hagas hoy quedara olvidado mañana

Aún así haz el bien



La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable

Aún así se honesto y franco



Lo que construyas con años de esfuerzo puede ser destruido

de la noche a la mañana

Aún así construye



La gente necesita ayuda, pero, si la ayudas, puede atacarte

Aún así ayuda



Da al mundo lo mejor de ti y te abofetearán

Aún así da al mundo lo mejor de ti.



Madre Teresa de Calcuta

viernes, 6 de marzo de 2009

¡¡Para alegrar el corazoncito!!


Bueno, ayer deje un post plagado de tristeza y melancolía, pero como creo que soy bipolar jeje

hoy por una extraña razón estoy feliz y quiero dejarles esta historia para que rían un poquito!!



Un día una niñita estaba sentada observando a su mamá lavar los platos en la cocina. De pronto, noto que su mamá tenia varias canas que sobresalían entre su cabellera oscura. Miró a su mamá y le pregunto inquisitivamente:


-¿Mami, por qué tienes algunos cabellos blancos?


-Bueno, cada vez que haces algo malo o me pones triste, uno de mis cabellos se pone blanco.


La niñita se quedo pensativa por un rato y luego dijo:


-Mami, ¿Por qué todos los cabellos de la abuelita son blancos?



PD: Sonrían un poquito jeje XD



miércoles, 4 de marzo de 2009

¡¡Romeo y Julieta!!


"Mira chica, si buscas un chico para siempre


Que ni beba ni fume y ni le guste la música estridente


Que sólo piense en ti, que muera por tu amor


Te digo que Romeo y Julieta no eran de este planeta"

La pata de mono

I

La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.
-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.
-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque.
-No creo que venga esta noche -dijo el padre con la mano sobre el tablero.
-Mate -contestó el hijo.
-Esto es lo malo de vivir tan lejos -vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia-. De todos los suburbios, este es el peor. El camino es un pantano. No se qué piensa la gente. Como hay sólo dos casas alquiladas, no les importa.
-No te aflijas, querido -dijo suavemente su mujer-, ganarás la próxima vez.
El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio.
-Ahí viene -dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido.
Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.
-El sargento mayor Morris -dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego.
Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños.
-Hace veintiún años -dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo-. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora.
-No parece haberle sentado tan mal -dijo la señora White amablemente.
-Me gustaría ir a la India -dijo el señor White-. Sólo para dar un vistazo.
-Mejor quedarse aquí -replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza.
-Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas -dijo el señor White-. ¿Qué fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo?
-Nada -contestó el soldado apresuradamente-. Nada que valga la pena oír.
-¿Una pata de mono? -preguntó la señora White.
-Bueno, es lo que se llama magia, tal vez -dijo con desgana el militar.
Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero llevó la copa vacía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.
-A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular -dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.
La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.
-¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.
-Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo... Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.
Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.
-Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.
El sargento lo miró con tolerancia.
-Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció.
-¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White.
-Se cumplieron -dijo el sargento.
-¿Y nadie más pidió? -insistió la señora.
-Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.
Habló con tanta gravedad que produjo silencio.
-Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán -dijo, finalmente, el señor White-. ¿Para qué lo guarda?
El sargento sacudió la cabeza:
-Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después.
-Y si a usted le concedieran tres deseos más -dijo el señor White-, ¿los pediría?
-No sé -contestó el otro-. No sé.
Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.
-Mejor que se queme -dijo con solemnidad el sargento.
-Si usted no la quiere, Morris, démela.
-No quiero -respondió terminantemente-. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche la culpa de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela.
El otro sacudió la cabeza y examinó su nueva adquisición. Preguntó:
-¿Cómo se hace?
-Hay que tenerla en la mano derecha y pedir los deseos en voz alta. Pero le prevengo que debe temer las consecuencias.
-Parece de Las mil y una noches -dijo la señora White. Se levantó a preparar la mesa-. ¿No le parece que podrían pedir para mí otro par de manos?
El señor White sacó del bolsillo el talismán; los tres se rieron al ver la expresión de alarma del sargento.
-Si está resuelto a pedir algo -dijo agarrando el brazo de White- pida algo razonable.
El señor White guardó en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse a la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo, olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en la India.
-Si en el cuento de la pata de mono hay tanta verdad como en los otros -dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren-, no conseguiremos gran cosa.
-¿Le diste algo? -preguntó la señora mirando atentamente a su marido.
-Una bagatela -contestó el señor White, ruborizándose levemente-. No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán.
-Sin duda -dijo Herbert, con fingido horror-, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer.
El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad.
-No se me ocurre nada para pedirle -dijo con lentitud-. Me parece que tengo todo lo que deseo.
-Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? -dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro-. Bastará con que pidas doscientas libras.
El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves.
-Quiero doscientas libras -pronunció el señor White.
Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mujer y su hijo corrieron hacia él.
-Se movió -dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer-. Se retorció en mi mano como una víbora.
-Pero yo no veo el dinero -observó el hijo, recogiendo el talismán y poniéndolo sobre la mesa-. Apostaría que nunca lo veré.
-Habrá sido tu imaginación, querido -dijo la mujer, mirándolo ansiosamente.
Sacudió la cabeza.
-No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto.
Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se sobresaltó cuando golpeó una puerta en los pisos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse.
-Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama -dijo Herbert al darles las buenas noches-. Una aparición horrible, agazapada encima del ropero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos.
Ya solo, el señor White se sentó en la oscuridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rió, molesto, y buscó en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.


II


A la mañana siguiente, mientras tomaba el desayuno en la claridad del sol invernal, se rió de sus temores. En el cuarto había un ambiente de prosaica salud que faltaba la noche anterior; y esa pata de mono; arrugada y sucia, tirada sobre el aparador, no parecía terrible.
-Todos los viejos militares son iguales -dijo la señora White-. ¡Qué idea, la nuestra, escuchar esas tonterías! ¿Cómo puede creerse en talismanes en esta época? Y si consiguieras las doscientas libras, ¿qué mal podrían hacerte?
-Pueden caer de arriba y lastimarte la cabeza -dijo Herbert.
-Según Morris, las cosas ocurrían con tanta naturalidad que parecían coincidencias -dijo el padre.
-Bueno, no vayas a encontrarte con el dinero antes de mi vuelta -dijo Herbert, levantándose de la mesa-. No sea que te conviertas en un avaro y tengamos que repudiarte.
La madre se rió, lo acompañó hasta afuera y lo vio alejarse por el camino; de vuelta a la mesa del comedor, se burló de la credulidad del marido.
Sin embargo, cuando el cartero llamó a la puerta corrió a abrirla, y cuando vio que sólo traía la cuenta del sastre se refirió con cierto malhumor a los militares de costumbres intemperantes.
-Me parece que Herbert tendrá tema para sus bromas -dijo al sentarse.
-Sin duda -dijo el señor White-. Pero, a pesar de todo, la pata se movió en mi mano. Puedo jurarlo.
-Habrá sido en tu imaginación -dijo la señora suavemente.
-Afirmo que se movió. Yo no estaba sugestionado. Era... ¿Qué sucede?
Su mujer no le contestó. Observaba los misteriosos movimientos de un hombre que rondaba la casa y no se decidía a entrar. Notó que el hombre estaba bien vestido y que tenía una galera nueva y reluciente; pensó en las doscientas libras. El hombre se detuvo tres veces en el portón; por fin se decidió a llamar.
Apresuradamente, la señora White se quitó el delantal y lo escondió debajo del almohadón de la silla.
Hizo pasar al desconocido. Éste parecía incómodo. La miraba furtivamente, mientras ella le pedía disculpas por el desorden que había en el cuarto y por el guardapolvo del marido. La señora esperó cortésmente que les dijera el motivo de la visita; el desconocido estuvo un rato en silencio.
-Vengo de parte de Maw & Meggins -dijo por fin.
La señora White tuvo un sobresalto.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Le ha sucedido algo a Herbert?
Su marido se interpuso.
-Espera, querida. No te adelantes a los acontecimientos. Supongo que usted no trae malas noticias, señor.
Y lo miró patéticamente.
-Lo siento... -empezó el otro.
-¿Está herido? -preguntó, enloquecida, la madre.
El hombre asintió.
-Mal herido -dijo pausadamente-. Pero no sufre.
-Gracias a Dios -dijo la señora White, juntando las manos-. Gracias a Dios.
Bruscamente comprendió el sentido siniestro que había en la seguridad que le daban y vio la confirmación de sus temores en la cara significativa del hombre. Retuvo la respiración, miró a su marido que parecía tardar en comprender, y le tomó la mano temblorosamente. Hubo un largo silencio.
-Lo agarraron las máquinas -dijo en voz baja el visitante.
-Lo agarraron las máquinas -repitió el señor White, aturdido.
Se sentó, mirando fijamente por la ventana; tomó la mano de su mujer, la apretó en la suya, como en sus tiempos de enamorados.
-Era el único que nos quedaba -le dijo al visitante-. Es duro.
El otro se levantó y se acercó a la ventana.
-La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida -dijo sin darse la vuelta-. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron.
No hubo respuesta. La cara de la señora White estaba lívida.
-Se me ha comisionado para declararles que Maw & Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente -prosiguió el otro-. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada.
El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto?
-Doscientas libras -fue la respuesta.
Sin oír el grito de su mujer, el señor White sonrió levemente, extendió los brazos, como un ciego, y se desplomó, desmayado.



III


En el cementerio nuevo, a unas dos millas de distancia, marido y mujer dieron sepultura a su muerto y volvieron a la casa transidos de sombra y de silencio.
Todo pasó tan pronto que al principio casi no lo entendieron y quedaron esperando alguna otra cosa que les aliviara el dolor. Pero los días pasaron y la expectativa se transformó en resignación, esa desesperada resignación de los viejos, que algunos llaman apatía. Pocas veces hablaban, porque no tenían nada que decirse; sus días eran interminables hasta el cansancio.
Una semana después, el señor White, despertándose bruscamente en la noche, estiró la mano y se encontró solo.
El cuarto estaba a oscuras; oyó cerca de la ventana, un llanto contenido. Se incorporó en la cama para escuchar.
-Vuelve a acostarte -dijo tiernamente-. Vas a coger frío.
-Mi hijo tiene más frío -dijo la señora White y volvió a llorar.
Los sollozos se desvanecieron en los oídos del señor White. La cama estaba tibia, y sus ojos pesados de sueño. Un despavorido grito de su mujer lo despertó.
-La pata de mono -gritaba desatinadamente-, la pata de mono.
El señor White se incorporó alarmado.
-¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Qué sucede?
Ella se acercó:
-La quiero. ¿No la has destruido?
-Está en la sala, sobre la repisa -contestó asombrado-. ¿Por qué la quieres?
Llorando y riendo se inclinó para besarlo, y le dijo histéricamente:
-Sólo ahora he pensado... ¿Por qué no he pensado antes? ¿Por qué tú no pensaste?
-¿Pensaste en qué? -preguntó.
-En los otros dos deseos -respondió en seguida-. Sólo hemos pedido uno.
-¿No fue bastante?
-No -gritó ella triunfalmente-. Le pediremos otro más. Búscala pronto y pide que nuestro hijo vuelva a la vida.
El hombre se sentó en la cama, temblando.
-Dios mío, estás loca.
-Búscala pronto y pide -le balbuceó-; ¡mi hijo, mi hijo!
El hombre encendió la vela.
-Vuelve a acostarte. No sabes lo que estás diciendo.
-Nuestro primer deseo se cumplió. ¿Por qué no hemos de pedir el segundo?
-Fue una coincidencia.
-Búscala y desea -gritó con exaltación la mujer.
El marido se volvió y la miró:
-Hace diez días que está muerto y además, no quiero decirte otra cosa, lo reconocí por el traje. Si ya entonces era demasiado horrible para que lo vieras...
-¡Tráemelo! -gritó la mujer arrastrándolo hacia la puerta-. ¿Crees que temo al niño que he criado?
El señor White bajó en la oscuridad, entró en la sala y se acercó a la repisa.
El talismán estaba en su lugar. Tuvo miedo de que el deseo todavía no formulado trajera a su hijo hecho pedazos, antes de que él pudiera escaparse del cuarto.
Perdió la orientación. No encontraba la puerta. Tanteó alrededor de la mesa y a lo largo de la pared y de pronto se encontró en el zaguán, con el maligno objeto en la mano.
Cuando entró en el dormitorio, hasta la cara de su mujer le pareció cambiada. Estaba ansiosa y blanca y tenía algo sobrenatural. Le tuvo miedo.
-¡Pídelo! -gritó con violencia.
-Es absurdo y perverso -balbuceó.
-Pídelo -repitió la mujer.
El hombre levantó la mano:
-Deseo que mi hijo viva de nuevo.
El talismán cayó al suelo. El señor White siguió mirándolo con terror. Luego, temblando, se dejó caer en una silla mientras la mujer se acercó a la ventana y levantó la cortina. El hombre no se movió de allí, hasta que el frío del alba lo traspasó. A veces miraba a su mujer que estaba en la ventana. La vela se había consumido; hasta casi apagarse. Proyectaba en las paredes y el techo sombras vacilantes.
Con un inexplicable alivio ante el fracaso del talismán, el hombre volvió a la cama; un minuto después, la mujer, apática y silenciosa, se acostó a su lado.
No hablaron; escuchaban el latido del reloj. Crujió un escalón. La oscuridad era opresiva; el señor White juntó coraje, encendió un fósforo y bajó a buscar una vela.
Al pie de la escalera el fósforo se apagó. El señor White se detuvo para encender otro; simultáneamente resonó un golpe furtivo, casi imperceptible, en la puerta de entrada.
Los fósforos cayeron. Permaneció inmóvil, sin respirar, hasta que se repitió el golpe. Huyó a su cuarto y cerró la puerta. Se oyó un tercer golpe.
-¿Qué es eso? -gritó la mujer.
-Un ratón -dijo el hombre-. Un ratón. Se me cruzó en la escalera.
La mujer se incorporó. Un fuerte golpe retumbó en toda la casa.
-¡Es Herbert! ¡Es Herbert! -La señora White corrió hacia la puerta, pero su marido la alcanzó.
-¿Qué vas a hacer? -le dijo ahogadamente.
-¡Es mi hijo; es Herbert! -gritó la mujer, luchando para que la soltara-. Me había olvidado de que el cementerio está a dos millas. Suéltame; tengo que abrir la puerta.
-Por amor de Dios, no lo dejes entrar -dijo el hombre, temblando.
-¿Tienes miedo de tu propio hijo? -gritó-. Suéltame. Ya voy, Herbert; ya voy.
Hubo dos golpes más. La mujer se libró y huyó del cuarto. El hombre la siguió y la llamó, mientras bajaba la escalera. Oyó el ruido de la tranca de abajo; oyó el cerrojo; y luego, la voz de la mujer, anhelante:
-La tranca -dijo-. No puedo alcanzarla.
Pero el marido, arrodillado, tanteaba el piso, en busca de la pata de mono.
-Si pudiera encontrarla antes de que eso entrara...
Los golpes volvieron a resonar en toda la casa. El señor White oyó que su mujer acercaba una silla; oyó el ruido de la tranca al abrirse; en el mismo instante encontró la pata de mono y, frenéticamente, balbuceó el tercer y último deseo.
Los golpes cesaron de pronto; aunque los ecos resonaban aún en la casa. Oyó retirar la silla y abrir la puerta. Un viento helado entró por la escalera, y un largo y desconsolado alarido de su mujer le dio valor para correr hacia ella y luego hasta el portón. El camino estaba desierto y tranquilo.
FIN

W.W. Jacobs

De esclavitud y de cadenas

Queriéndote como ya no se estila
Sin una gota de decencia me casare contigo
Todas las veces, siempre que sea estrictamente necesario
Porque eres en mi caso
Lo que la fe suele ser para los desesperados
Quizá superstición quizás vocación
De suicida incandescente
Sin una gota de cordura
Si pensara menos con la cabeza
Menos con el corazón
Y más con la entrepierna
El triunfo del amor
En estos tiempos de pena y olvido el vino y la miseria
devolvieron a mi casa la flecha arrojada la palabra ya dicha
la oportunidad despreciada la vida pasada
que no volverá y es un hecho
te fecundaría con un simple pensamiento de amor
Para algo ha de servir este dolor que siento, lo siento
esta pálida tristeza de deseo
De esclavitud y de cadenas
no me importa saber quien soy
si es que soy alguien o aprendiz de puta
O crucigrama sin resolver
Esta pasión de enredadera
de cumbre o precipicio de cilicio o mansedumbre
Si pensara menos con la cabeza
menos con el corazón y mas con la entrepierna
el triunfo del amor
En estos tiempos de pena y olvido
el vino y la miseria devolvieron a mi casa
la flecha arrojada la palabra ya dicha
la oportunidad despreciada
la vida pasada que no volverá y es un hecho.


Enrique Bunbury

martes, 3 de marzo de 2009

Memoria de mis putas tristes

Hace unos tres o dos años tal vez, leí algo maravillosamente bueno, Memoria de mis putas tristes, esta historia me enseño como el amor, a veces puede llegar cuando menos lo esperamos y en las circunstancias menos creíbles pero igual nos hace sentir mariposas en el estómago ( otra vez mi obsesión con las mariposas jeje) e incluso escribir cartas de amor...


El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos:


-Hoy sí.


Ella suspiró: Ay, mi sabio triste, te desapareces veinte años y sólo vuelves para pedir imposibles. Recobró enseguida el dominio de su arte y me ofreció una media docena de opciones deleitables, pero eso sí, todas usadas. Le insistí que no, que debía ser doncella y para esa misma noche. Ella preguntó alarmada: ¿Qué es lo que quieres probarte? Nada, le repliqué, lastimado donde más me dolía, sé muy bien lo que puedo y lo que no puedo. Ella replicó impasible que los sabios lo saben todo, pero no todo: los únicos Virgos que van quedando en el mundo son ustedes los de agosto. ¿Por qué no me lo encargaste con más tiempo? La inspiración no avisa, le contesté. Pero tal vez espera, dijo ella, siempre más resabida que cualquier hombre, y me pidió aunque fueran dos días para escudriñar a fondo el mercado. Yo le repliqué en serio que en un negocio como aquél, a mi edad, cada hora es un año. Entonces no se puede, dijo ella sin la mínima duda, pero no importa, así es más emocionante, qué carajo, te llamo en una hora.


No tengo que decirlo, porque se me distingue a leguas: soy feo, tímido y anacrónico. Pero a fuerza de no querer serlo he venido a simular todo lo contrario. Hasta el sol de hoy, en que resuelvo contarme como soy por mi propia y libre voluntad, aunque sólo sea para alivio de mi conciencia. He empezado con la llamada insólita a Rosa Cabarcas, porque visto desde hoy, aquél fue el principio de una nueva vida a una edad en que la mayoría de los mortales están muertos.



Vivo en una casa colonial en la acera de sol del parque de San Nicolás, donde he pasado todos los días de mi vida sin mujer ni fortuna, donde vivieron y murieron mis padres, y donde me he propuesto morir solo, en la misma cama en que nací y en un día que deseaba lejano y sin dolor. Mi padre la compró en un remate público a fines del siglo XIX, alquiló la planta baja para tiendas de lujo a un consorcio de italianos, y se reservó este segundo piso para ser feliz con la hija de uno de ellos, Florina de Dios Cargamantos, intérprete notable de Mozart, políglota y garibaldina, y la mujer más hermosa y de mejor talento que hubo nunca en la ciudad: mi madre.


El ámbito de la casa es amplio y luminoso, con arcos de estuco y pisos ajedrezados de mosaicos florentinos, y cuatro puertas vidrieras sobre un balcón corrido donde mi madre se sentaba en las noches de marzo a cantar arias de amor con sus primas italianas. Desde allí se ve el parque de San Nicolás con la catedral y la estatua de Cristóbal Colón, y más allá las bodegas del muelle fluvial y el vasto horizonte del río grande de la Magdalena a veinte leguas de su estuario. Lo único ingrato de la casa es que el sol va cambiando de ventanas en el transcurso del día, y hay que cerrarlas todas para tratar de dormir la siesta en la penumbra ardiente. Cuando me quedé solo, a mis treinta y dos años, me mudé a la que fuera la alcoba de mis padres, abrí una puerta de paso hacia la biblioteca y empecé a subastar cuanto me iba sobrando para vivir, que terminó por ser casi todo, salvo los libros y la pianola de rollos.


Gabriel García Márquez

Dos cuerpos


Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos olas y la noche es océano.


Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos piedras y la noche desierto.


Dos cuerpos frente a frente

son a veces raíces en la noche enlazadas.


Dos cuerpos frente a frente

son a veces navajas y la noche relámpago.


Dos cuerpos frente a frente

son dos astros que caen en un cielo vacío.



Octavio Paz

Pañuelos

Un fama es muy rico y tiene sirvienta. Este fama usa un pañuelo y lo tira al cesto de los papeles. Usa otro, y lo tira al cesto. Va tirando al cesto todos los pañuelos usados. Cuando se le acaban, compra otra caja.
La sirvienta recoge los pañuelos y los guarda para ella. Como está muy sorprendida por la conducta del fama, un día no puede contenerse y le pregunta si verdaderamente los pañuelos son para tirar.
-Gran idiota- dice el fama, no había que preguntar. Desde ahora lavarás mis pañuelos y yo ahorraré dinero.
Julio Cortázar
pd: No entiendo porque se supone los famas son "buenos" para mi son unos mandones, malcriados y pedantes!!!

lunes, 2 de marzo de 2009

domingo, 1 de marzo de 2009

Conservación de los recuerdos


Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: "Excursión a Quilmes", o: "Frank Sinatra".Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: "No vayas a lastimarte", y también: "Cuidado con los escalones". Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras que en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.



Julio Cortázar

pd: soy un cronopio jeje ;-)






El canto de los cronopios


Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.



Julio Cortázar